Roberto Rossellini (1906-1977), es considerado, junto al francés Jean Renoir, congénere del nuevo movimiento cinematográfico conocido como Neorrealismo Italiano. Después, el sentido y significado más puros de este estilo de hacer cine desembocaría en dos corrientes totalmentes distintas en Francia y en Italia.
Los puristas defensores del Neorrealismo Italiano citan a Rossellini como artífice de una trilogía magistral ambientada en la Segunda Guerra Mundial, tres filmes autónomos pero unidos entre sí, como son “Roma, città apperta”, “Paisà” y “Germania, anno zero”. De las cuales hablaré largo y tendido en un futuro post.
De su etapa post- Neorrealista , podemos incluir el film del que voy a hablar a continuación, “Stromboli, tierra de Dios”, con unas características similares a las de sus hermanas neorrealistas, pero con esa pequeña diferencia por la que los críticos más aficionados a clasificar la separan del Neorrealismo puro: simplemente el hecho de no estar ambientada en el presente de la guerra, sino en la postguerra.
“Stromboli, tierra de Dios” surge como oposición básicamente a la escasa calidad e interés que el cine convencional y clásico de Hollywood exportaba a una Europa devastada. Rossellini intentó buscar sus propias características, bebiendo además del agua del contexto social en el que le tocó vivir. Se oberva en nuestro director, una concepción antropológica del cine, lo utiliza como vehículo para conocer al ser humano. Su investigación humanista enfocará el cine como un medio, nunca un fin.
Ambienta sus historias en lugares desfavorecidos, humildes, ambientados en escenarios reales, lo que supone una enorme carga testimonial, sin apenas atrezzo. Muestra los espacios exteriores en toda su crudeza o belleza, con la presencia de actores no profesionales. De hecho, ni me atrevo a llamarles actores, ya que se me antojan figuras sacadas de su contexto real para formar parte de uno ficticio, pero sin dejar de ser ellos mismos. Como ejemplo puedo destacar el hecho de que muchos personajes de Rossellini mantuvieran su nombre de pila en el film; y no puedo evitar pensar en la adorable chiquilla Carmela, recreada por Carmela Sazio en el episodio “Sicilia” en “Paisà”.
Sus historias pasean entre el relato y el documental. Reflejan la frustración, la pobreza, la desesperación. Se trata de plasmar la realidad tal cual es. Una forma de hacer cine desesperanzado y pesimista, con un fuerte contenido social y melodramático pero no moralizante y carente de conciencia artística; aunque sea innegable la calidad estética y fotográfica de las películas Rossellinianas. En esencia, Rossellini busca el ser lo más realista posible dando un significado y connotación humana a lo que narra.
“Stromboli tierra de Dios” supone una excepción en la manera de trabajar con los actores. Concibió el papel femenino protagonista especialmente para Ingrid Bergman, quien ya era una estrella en Estados Unidos. Si bien en un principio lo había ideado para Anna Magnani, sería la Bergman la que la sustituiría en el papel de Karyn y además en la vida sentimental del señor Rossellini. A partir del rodaje de “Strómboli” comenzarían una relación amorosa y profesional que cambiaría la vida de ambos personajes y también supondría una nueva etapa en la filmografría de Rossellini en la que utilizaría como musa a Bergman, quien llevaría a cabo los roles principales.
El hecho de que Rossellini trajera a Europa a una superestrella Hollywoodiense podría interpretarse como una experimento ligado al sentido de la película. Las condiciones que ofrecía la isla no eran las más óptimas, sino que resultaba un auténtico infierno para una actriz mimada y formada en Hollywood. Rossellini alteró las normas del Star System al hacer que una estrella abandonase su condición de diosa para convertirse en una habitante de una isla, para observar qué ocurre realmente, como se desenvuelve, sus gestos, sus angustias… a modo de experimento, tal y como le ocurre a su personaje Karyn.
Karyn es una refugiada lituana que, ante la imposibilidad de encontrar una escapatoria a una situación angustiosa, decide que su única opción es casarse con un joven italiano al que apenas conoce y entiende, con el que ha intercambiado cuatro palabras en un inglés pobre en unos diálogos a la luz de la luna que , ante la imposibilidad de entendimiento, a veces se tornan en monólogos. Él le ofrece matrimonio y una casita en una isla del Mediterráneo. Karyn marcha con él y descubre que en lugar de escapar ha entrado en otra boca del lobo.
El aislamiento por culpa del no entendimiento debido a la barrera del idioma es una característica muy importante en este film. Se llegan a hablar hasta 4 idiomas a la vez: italiano, español, alemán e inglés. Karyn sólo consigue hacerse entender en inglés, lengua que muy poca -casi nadie- en la isla conoce, y lo que provoca en sus habitantes rechazo hacia la extranjera. La extrangería genera un auténtico problema de incomunicación, entre la gente del lugar. Ella se siente observada y deseada por los habitantes, pero es imposible establecer un diálogo.
La isla es cruda, agresiva. La dureza y oscuridad de la tierra volcánica contrasta con la fragilidad, la claridad de la piel y el pelo de Karyn, la luz que irradia su físico extraño para los habitantes enjutos, de piel curtida por el sol y arrugada como las montañas rocosas de la isla. Se encuentra en un lugar dominado por la inquietante fuerza de la naturaleza: la tierra, el mar… forman una barrera natural dura, rocosa, antigua.
El hecho de que la película fuese rodada en blanco y negro otorga a la fotografía una calidad en ocasiones casi expresionista. Hace que percibamos más agudamente las diferentes texturas del paisaje desolado y desolador , en los que Rossellini se recrea en interminables planos secuencia, travellings… donde sitúa al ser humano dentro de la magnificiencia de la naturaleza y lo hacer parecer algo insignificante e incapaz de controlarla.
Especialmente angustiosa es la relación medio-naturaleza-persona en el recorrido que Karyn realiza en solitario, por la ciudad semi derruida y casi abandonada, que se ha convertido en una especie de laberinto en el sentido físico y metafórico. Ella grita: “I want to get out!” (quiero salir de aquí!). Durante esta escapada a ninguna parte tiene como única compañía el llanto de un bebé, que actúa como sonido diegético y extradiegético a la vez, ya que sabemos que el niño está cerca de ella, pero nunca lo llegaremos a ver.
Desfallecida, Karyn se apoya en un muro pedregoso y con una chumbera de pinchos afilados y medio seca a sus espaldas. De nuevo dos símbolos de ese medio duro y agresivo que es la isla.
Las mujeres en la isla ven a Karyn como una extraña: no la aceptan ni la entienden. Ella es una mujer moderna, con diferente físico y forma de pensar, que está atrapada dentro de un círculo herméticamente cerrado de costumbres, mentalidades y acciones totalmente enraizadas y establecidas. Esas mujeres se presentan siempre a lo largo del film vestidas igual, con un físico similar; es imposible identificarlas, individualizarlas. Rossellini las representa así formando un bloque metafórico hostil, un muro que Karyn nunca podrá salvar.
Si tuviese que elegir una secuencia de esta película, sin duda señalaría la de la pesca del atún. Nos encontramos con un silencio ensordecedor. Los pescadores esperan, sólamente canturrean una canción popular. Karyn se empeña en acompañar a su joven marido a la pesca y, observa aterrada esa explosión de vida y muerte, donde los pescadores actúan con absoluta crueldad sobre la naturaleza. Esta escena demuestra el sentido documentalista del cine de Rossellini.
Es casi mi obligación, como artista plástico, comentar que esta pesca del atún inspiró directamente al pintor Salvador Dalí a la hora de gestar y pintar su brillante y famosísima “pesca del atún”.
Al final de la historia, Karyn decide huir de la isla, y tras varios tropiezos se ve perdida inmersa en una nube de humo y con el cráter del volcán frente a ella. Desorientada y sin saber que hacer sigue huyendo. En esta secuencia es bellísima la fotografía, se nos muestra a una reluciente Bergman enmedio de una nada negra, de arena volcánica, y con un plano picado que nos proyecta la sensación de angustia y de huida hacia el volcán, hacia la perdición de Karyn.
Finalmente, medio desfallecida, levanta el rostro hacia el cielo y, en un bellisimo primer plano, pide ayuda a Dios:
“God, my God, give me the streght, the understanding, and the courage… mercy, my God!”
(Dios mio, dame la fuerza, la sabiduría, la valentía… piedad, Señor!”
Esta es la invocación más simple, más primitiva, más común que pueda salir de la boca de alguien oprimido y desesperado por el dolor. Aquí puede ser una invocación mecánica o la expresión de una revelación.
Rossellini juega con el final abierto. No sabemos a ciencia cierta como concluye la escapada de Karyn, aunque algo se puede intuir… yo tengo mi propia idea… cada uno que construya la suya!
´”Strómboli, tierra de Dios” es una película especial, hay que verla con ojos nuevos, de niño, para poder disfrutarla al 100%. Ah, y en esta ocasión no recomiendo verla en V.O….. es algo obligatorio!
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